Mostrando entradas con la etiqueta artículos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta artículos. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de abril de 2016

MUJERES PARA MIRAR Y ADMIRAR: LAS HERMANAS BRONTË

Hoy he encontrado este artículo de Ángeles Caso que me ha parecido genial para entender la historia de ese largo camino que las mujeres hemos tenido que recorrer para tener derecho a ser sencillamente "nosotras mismas" (y aún nos queda pero menos).
Tomado del blog:http://www.angelescaso.com/extrano-caso-las-hermanas-bronte/




EL EXTRAÑO CASO DE LAS HERMANAS BRONTË

En lo más alto del pueblo de Haworth, al norte de Inglaterra, entre el cementerio y el paisaje rocoso de los páramos, se levanta una casa de ladrillo oscuro, con dos hileras de ventanas blancas. Una vivienda firme y sobria, construida a finales del siglo XVIII para ser el hogar de los pastores anglicanos del lugar. Entre 1820 y 1855, en ese edificio discreto ocurrió un hecho excepcional: allí vivieron y crearon sus obras, escondidas del mundo, tres mujeres geniales, las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne.

Nadie de su entorno lo sospechó. Las Brontë eran raras, desde luego. Tres solteronas, como sin duda las llamarían entonces, a las que muchos recordaban de pequeñas, criándose de una manera un tanto salvaje en compañía de su hermano Branwell. Las hijas del reverendo Patrick Brontë –un irlandés de origen campesino que se había doctorado en Cambridge gracias a una beca- estaban bien educadas y eran corteses y decentes, pero desde niñas tenían costumbres extrañas. Quizá fuera porque habían perdido muy pronto a su madre y, casi de inmediato, a sus dos hermanas mayores, arrasadas por la tuberculosis. El caso es que, como cachorritos sin dueño, solían pasear solas por los páramos, bajo el sol o bajo la nieve, y algunos afirmaban haberlas visto declamando poemas en lo alto de una roca. Aunque lo más raro de todo era lo que hacían dentro de la casa, donde las crías se pasaban el tiempo leyendo y escribiendo.

Leían cualquier cosa: los poemas de Byron o las novelas de Walter Scott, los clásicos, y también sesudas revistas de literatura y hasta los diarios de Londres, con aquellos complejos asuntos políticos tan poco adecuados para unas muchachas y sobre los que luego ellas se atrevían a expresar sus propias opiniones. Y, para colmo, desde muy pequeñas, escribían sin cesar, quién sabía qué, tal vez poemas e historias semejantes a las que leían en los libros, cosas de guerreros y doncellas seducidas y sangrientas batallas. Cosas que podía permitirse Branwell, el varón, pero no unas jovencitas que debían dar ejemplo tan solo de piedad y virtudes domésticas.

Branwell tenía talento e inteligencia. Todo el mundo sabía que estaba destinado a hacer una gran carrera. Dirigido por su propio padre, era un buen estudiante y poseía grandes dotes para la música y la pintura. Seguramente terminaría por marcharse a Londres y convertirse en alguien importante, un pintor famoso, un escritor reconocido, un político de peso.

Pero el destino de las chicas era otra cosa. Las hijas de un pastor tan solo podían hacer dos cosas en la vida: casarse o, de no lograrlo, dedicarse a la enseñanza de niñas. Una mujer de su clase no podía permitirse ningún trabajo de tipo manual o que la obligase a estar en contacto con el público, exponiendo su honra. En cuanto a las profesiones de prestigio, las que implicaban conocimientos profundos y gran inteligencia y que conllevaban buenas ganancias y renombre, ese era territorio exclusivo de los hombres, absolutamente vedado al género femenino: una mujer no podía ser médica, ni abogada, ni jueza, ni política, ni catedrática, ni ingeniera, ni nada que se le pareciese. Ni siquiera podía acceder a la universidad, aunque solo fuera por placer.

Una joven de una familia decente sólo debía prepararse para cumplir con el gran cometido de la vida, ser buena esposa y madre. Pero casarse no era un asunto tan fácil: hacía falta poseer una dote aceptable, o belleza, o al menos un carácter sumiso. Las hermanas Brontë no cumplían ninguno de esos requisitos. Su padre no tenía ni un centavo, salvo su exiguo sueldo de párroco de la iglesia anglicana. La belleza se había olvidado de detenerse sobre la casa rectoral de Haworth y dejar caer allí un poco de su preciado polvo dorado. Y el carácter de las muchachas, con su tendencia a querer saber de todo y a mantener sus opiniones en voz alta, no parecía hacer de ellas las mejores compañeras para un hombre de bien.

A medida que crecían, estaba cada vez más claro que iban a tener que dedicarse a la enseñanza. Al menos,Charlotte y Anne. Emily era demasiado huraña, demasiado sensible, y enfermaba gravemente siempre que se alejaba de casa y debía relacionarse con extraños. Se decidió que se quedase en Haworth, ocupándose junto a una sirvienta de las tareas domésticas y cuidando del padre. Ella convirtió ese espacio en un refugio en el que podía desarrollar al margen de cualquier mirada ajena lo mejor de sí misma: sus interpretaciones al piano, su extraordinaria poesía y, también, el aprendizaje del francés y el alemán, que estudiaba en la cocina, mientras pelaba patatas y horneaba el pan.

Charlotte y Anne, en cambio, se vieron obligadas a alejarse de aquel hogar que tanto amaban para trabajar como profesoras en internados o como institutrices de los hijos de familias ricas, sintiéndose frustradas y humilladas: tenían la sensación de estar malgastando sus vidas. Lo peor era el trato de sus empleadores, gentes mucho más incultas que ellas y que, sin embargo, amparadas en su riqueza, las miraban con superioridad, considerándolas miembros del servicio. Anne parecía resignada, pero Charlotte vivía en una constante tensión, confrontando la realidad que le tocaba vivir con sus sueños, especialmente con el viejo anhelo de convertirse en escritora. Envidiaba la suerte de los hombres, que podían hacer lo que les diera la gana sin que nadie les pusiera barreras.

Buscando una solución, intentó organizar una escuela en la propia casa de Haworth, pero no pudo llevarlo a cabo debido al estado de Branwell: el muchacho en el que se habían centrado todas las esperanzas de la familia iba de fracaso en fracaso y se refugiaba cada vez más en el alcohol y el opio, utilizado entonces como analgésico y fácil de conseguir en las farmacias. Branwell se volvía violento y sus hermanas se desesperaban.

Fue en medio de esa situación crítica, acuciadas por la necesidad económica y por su ansia de no volver a separarse, cuando las hermanas Brontë decidieron probar suerte como autoras. Puesto que llevaban escribiendo desde muy jóvenes, ¿por qué no intentar publicar? En 1846 editaron una selección de sus poemas. Pero lo hicieron bajo seudónimos: no querían herir a Branwell ni provocar suspicacias entre sus conocidos. Una mujer que se atreviese a publicar era vista con una enorme desconfianza, y toda clase de sospechas se abalanzaban de inmediato sobre su reputación. Firmaron con los nombres de Currer, Ellis yActon Bell, como si se tratase de tres hermanos. El libro obtuvo buenas críticas, pero vendió un único ejemplar. Charlotte entonces animó a sus hermanas a probar suerte con la novela, un género que generaba más ingresos que la poesía.

Fue así como, a lo largo de 1846, las hermanas Brontë permanecieron encerradas en la casa rectoral de Haworth, repartiéndose las tareas domésticas para después, por las tardes, trabajar las tres juntas en el pequeño comedor de la vivienda, en secreto para su hermano y sus vecinos. Charlotte –que acababa de cumplir los treinta años- escribió Jane Eyre. Emily –veintinueve-, Cumbres Borrascosas. Y Anne –veintisiete-,Agnes Grey. Las tres utilizaron elementos autobiográficos para componer sus historias: experiencias, amores frustrados, sueños y deseos ocultos fueron vertidos por ellas en aquellas obras que, tras ser publicadas con sus seudónimos, provocaron intensos reproches morales por parte de los críticos literarios de la sociedad victoriana: ¿quiénes eran esos misteriosos tres hermanos que se atrevían a escribir unas novelas en las que las mujeres no eran seres pasivos y sumisos, sino personas complejas, llenas de ansias y rebeldía y autoconsciencia?

Aun así, las obras se abrieron camino entre los lectores, asombrados por toda aquella pasión que las hermanas habían sabido describir con un atrevimiento inaudito. Emily, molesta por las duras críticas recibidas, decidió sin embargo no volver a publicar nunca más, y regresó serenamente a su cocina, sus poemas, su música y sus lecturas en alemán, además de sus largos paseos por las montañas. Charlotte y Anne, en cambio, se animaron a seguir escribiendo. Charlotte inició Shirley, una obra con trasfondo político,y Anne La inquilina de Wildfell Hall, una sorprendente novela sobre la capacidad de una mujer para superar los estrechos límites impuestos por la sociedad.

Pero entonces, cuando creían haber alcanzado su sueño, la tragedia decidió dirigir su mirada perversa hacia aquella familia: en septiembre de 1848, devorado por el alcoholismo y la drogadicción, moría Branwell, con tan solo treinta y un años. Emily no logró recuperarse de la pérdida de ese hermano al que había cuidado con devoción y, debilitada por una veloz tuberculosis, murió en diciembre, a los treinta años. Tan solo cinco meses después, en mayo de 1849, fallecía también Anne, destruida por la misma enfermedad maldita.

Sin la compañía adorada de sus hermanas, Charlotte siguió como pudo adelante. Dio finalmente a conocer la verdadera identidad de los hermanos Bell. Continuó escribiendo –publicó en total cuatro novelas– y, como si el destino hubiera querido ser un poco clemente con ella después de tanto dolor, pudo disfrutar del éxito y del respeto de muchos escritores, a los que asombraba el inmenso talento de aquella mujer diminuta y de sus hermanas muertas. Incluso, a pesar de su edad y de la opinión en contra del reverendo Brontë, se casó a los treinta y siete años con el coadjutor de su padre. Unos meses después, en marzo de 1855, murió a consecuencia de las complicaciones de un embarazo tardío.

Patrick Brontë vivió aún seis años, viendo cómo la fama de sus hijas crecía de día en día y numerosos visitantes llegaban a Haworth en busca de algún indicio que aclarase la razón del misterioso genio de las hermanas Brontë, convertidas ya en mitos de la literatura inglesa. Cuando él falleció en 1861, la familia se extinguió al completo, como una rara planta que hubiese brotado con un esplendor inaudito durante un breve tiempo para luego desvanecerse, dejando tras de sí la huella de su belleza.

jueves, 14 de abril de 2016

¡VIVA EL DEPORTE FEMENINO DE HUELVA!

En una sociedad donde el deporte parece que es solo cosa de hombres y en concreto de "hombres y una pelota", parece que en Huelva nos hemos propuesto desmontar el mito y ahí tenemos a Carolina Marín, toda una campeona; y al equipo femenino de fútbol: "Fundación CajaSol Sporting" que van sumando premios por su trayectoria deportiva.
Ahí están también Marta Garrido, medalla de oro en el Mundial de Vela de Japón en la categoría 420; después, o Elena Rodríguez, quien tras conseguir el Campeonato de España el año pasado en Asturias, logró el oro en el Mundial de Tiro con Arco celebrado en Terni (Italia), en categoría 3D por equipos, junto a sus compañeras Encarna Garrido y Begoña Pérez.
¡Bravo por estas mujeres luchadoras y campeonas que rompen con los estereotipos de género!

Equipo "Fundación CajaSol Sporting"

Carolina Marín

Marta Garrido

Elena Rodríguez





sábado, 27 de diciembre de 2014

LAS HEROÍNAS DEL AÑO 2014

Os dejo un enlace a un interesante a un artículo de "El País" sobre mujeres que de manera no esperada han sabido dar respuestas creativas a diferentes situaciones.
Este homenaje nos sirve para reconocer su labor para "igualar" la imagen del papel de las mujeres en nuestra sociedad.
http://smoda.elpais.com/galerias/heroinas-inesperadas-de-2014/2549/image/96661


lunes, 3 de febrero de 2014

La influencia de la Educación en el desarrollo de la Identidad de Género

Cada persona es diferente y el cómo somos viene determinado tanto por nuestras características biológicas (o sea, nuestra genética) como por el ambiente en que crecemos y cómo éste influye en nosotros.
A medida que los niños y niñas van creciendo se van identificando con ciertos valores y características que van forjando el autoconcepto: lo que pensamos que nos identifica a nosotros mismos.
En ese proceso también entra la identidad de Género, o sea: indentificarse con niño/hombre o ñiña/mujer y los roles, características valores, gustos... que ellos conlleva.
Es evidente que entre niños y niñas, al margen de sus caracteristicas fisiológicas, suele haber claras diferencias en cuanto a comportamiento, gustos, etc. y durante mucho tiempo nos han dicho que eso tiene que ver con la genética.  Hay libros como el famoso "Los hobres son de Marte y las mujeres de Venus" que se dedican a explicar todo ello. Precisamente basándose en esas diferencias se producen a menudo grandes desigualdades y se justifican conductas que en realidad podrían tener un origen social.
En el siguiente reportaje se demuestra como desde bebés tratamos de manera diferente a niños y niñas, y lo hacemos de manera inconsciente.


 ¿Qué significa esto?
Que quizá los niños suelen usar más la fuerza y son más activos porque eso es lo que se les ha pedido y motivado desde bebés y por el contrario a las niñas se les incita a ser hermosas, dulces y dóciles.
Luego pasa lo que pasa.

Como en otras ocasiones única conclusión posible es que la Igualdad de Derechos pasa por un cambio en nuestras propias creencias, aptitudes y actitudes como sociedad y para ello todos tenemos que poner un poco de nuestra parte.




lunes, 16 de diciembre de 2013

LAS AUTORAS PERDIDAS DE LA GENERACIÓN DEL 27

 Este curso celebramos a nivel andaluz el aniversario de los 100 años de la publicación de Platero y yo.

Pero ¿Cómo separar a Juan Ramón de su Zenobia? Esta mujer, como muchas otras de su época, tuvieron que vivir a la sombra de sus maridos en una sociedad que no apreciaba sus propias obras por tratarse de autoras femeninas.Un ejemplo de ello es la adjudicación de la primera traducción de Tagore al español que se otorga solo a JR Jiménez cuando él no entendía el inglés, sin embargo Zenobia lo hablaba desde niña.

Así lo expresaba la misma Zenobia: “…Después de todo, yo soy, en parte, dueña de mi propia vida, y Juan Ramón no puede vivir la suya aparte de la mía. Y yo no acabo de ver ningún ideal que valga el arrojar una vida, pese a todo lo que se proclama. En esta empresa nuestra, yo siempre he sido Sancho”.



Aquí como en otras obras las mujeres han estado atrás apoyando y sindo obviadas por la historia. Por ello es tan importante recuperar su memoria.

Os dejo a continuación este interesante artículo para ayudarnos a poner las cosas en su lugar. Ha sido publicado en http://www.andalucesdiario.es/ciudadanxs/leon-camprubi-chacel-torre-generacion-perdida-27/ por Vanesa Perondi y os recomiendo su lectura para recuperar nuestra propia memoria.


León, Camprubí, Chacel, De la Torre: la generación perdida del 27

Colaboradoras, compañeras inseparables, grandes mujeres tras grandes hombres. Mujeres que, después de 86 años, siguen sin aparecer en la nómina de los autores que formaron la Generación del 27 o en el ambiente cultural de la época. A Federico García Lorca, Rafael Alberti o Pedro Salinas, entre otros, se suman cuatro grandes autoras que, o han pasado desapercibidas, o sólo han sido conocidas por su relación sentimental con grandes escritores.

Se trata de Rosa Chacel, Zenobia Camprubí, María Teresa León y Josefina de la Torre. “Las grandes olvidadas de la Generación del 27”, como reza el estudio que han realizado Miguel Ángel Díaz y Francisco José Pantión, de la empresa gaditana Eracultura, que durante cuatro años han estado investigando las biografías de estas mujeres para “impulsar el conocimiento literario y dar a conocer sus logros entre los más jóvenes y sobre todo para vincularlo a la igualdad”. Sin embargo, “seguimos con una inercia lastimosa”, que provoca que, incluso en los manuales educativos, hoy no aparezcan lo suficientemente representadas.

Entre relatos biográficos y la lectura de sus versos, Pantión y Díaz presentaron la vida de estas intelectuales en una charla-coloquio, que la semana pasada ofrecieron en la Casa de la Juventud de Puerto Real (Cádiz). Un verso del cantautor portuense Javier Ruibal sirvió para dar inicio al repaso de unas vidas fascinantes, trepidantes y hasta completas. No del todo: porque han sido silenciadas y olvidadas. Pero “¿quién no daría la vida por un sueño? Pues estas cuatro mujeres, dieron la suya por conseguirlo”.

Lorca, María Teresa León y Alberti.

Nacidas en el seno de familias que fomentaban la educación, ellas superaron las expectativas familiares y no sólo fueron educadas e instruidas, sino que sobresalieron por encima de la media de muchos hombres. Rosa Chacel, por ejemplo, leía perfectamente a los tres años. Zenobia Camprubí publicó a los 14 años su primer libro en inglés, lengua que dominaba a la perfección. Y aunque la casaron con 17 años, María Teresa León tuvo clara su vocación literaria y sus inquietudes sociales. Por eso, a pesar de los momentos personales que tuvo que vivir -separada de su marido y de sus hijos, obligada por la legislación de la época-, a los 21 años se lanzó a escribir en el Diario de Burgos dejando patente dos constantes en su escritura: la defensa de la mujer y de los sectores sociales más desfavorecidos. Sólo fue el inicio de un trabajo ingente que incluyó cuentos, novelas, ensayo y guiones de cine en más de 25 obras.

Josefina de la Torre fue la única de las cuatro que fue incluida en la Antología de Poesía Española que Gerardo Diego publicó en 1934, donde aparece junto a Ernestina de Champourcín como únicas representantes de la poesía escrita por mujeres. Pero, esta canaria que con 20 años publicó Versos y estampas, con el prólogo de Pedro Salinas, fue una artista completa y conjugó durante toda su vida la escritura con el cine, el teatro, el canto, la dirección o el doblaje. En todo caso, ni siquiera el paso por la mediática pantalla televisiva, en una serie mítica en nuestro país como Anillos de Oro en Televisión Española, o ser la voz española de Marlene Dietrich le supuso el reconocimiento en el imaginario colectivo de nuestra sociedad como una de las artistas más completas de nuestro país.

Porque, “¡cuánta fuerza desarrollaron estas mujeres!”, decía Francisco José Pantión. Sin embargo, la historia, y sobre todo, la dictadura franquista, las silenció, y aún permanecen olvidadas. En la mayoría de los casos, relacionadas con sus parejas: Timoteo Pérez Rubio -artífice del exilio de los cuadros del Museo del Prado durante la Guerra Civil- y marido de Rosa Chacel; Juan Ramón Jiménez -Nobel de Literatura en 1956 y guía para los escritores de la Generación del 27-, marido de Zenobia Camprubí; Rafael Alberti -poeta universal-, de María Teresa León; y Ramón Corroto -menos conocido- de Josefina de la Torre.

Atendiendo a la fama de sus maridos, Zenobia y María Teresa han sido las más populares pero siempre como compañeras, por el expreso reconocimiento de sus maridos como inspiradoras, musas, “facilitadoras” de su obra. Aún hoy, Zenobia aparece como ayudante de su marido en la traducción de la obra del Nobel Rabindranath Tagore, cuando “Juan Ramón no tenía ni papa de inglés”, aunque “ella siempre le otorgaba la calidad literaria de las traducciones”, explicaba Pantión. La doble discriminación por ser mujer y por su ideología, ha estado muy presente en la vida de María Teresa León -responsable desde numerosos organismos de democratizar la cultura, el teatro y las letras y fuerte activista política- y de Rosa Chacel -quien firmó el Manifiesto de los intelectuales antifascistas, colaboró con la prensa republicana e, incluso, trabajó de enfermera, hasta que tuvo que exiliarse como María Teresa-.

Así pues, su legado engloba una producción literaria que abarca distintos géneros, otras disciplinas artísticas y un poso cultural que atesoran las cuatro que no termina de visualizarse aún. Y no porque la luz de sus cónyuges sea demasiado fuerte sino, en parte, por la grandeza de estas mujeres.