jueves, 29 de noviembre de 2018

MICRORRELATOS MACHISTAS 25N

El pasado lunes 26 de noviembre nuestro alumnado del tercer ciclo asistió a una escenificación en la Plaza de España protagonizada por el alumnado de 4º curso del IES Rodríguez Estrada de nuestra localidad. La representación se centró en microrrelatos micromachistas.
Dos alumnos del IES leyeron un manifiesto y entre otras ideas resaltaron “la violencia de género es uno de los problemas más graves y complejos de nuestra sociedad actual, tipo de violencia estructural e ideológica”. A continuación dieron paso a la historia de Pepa y Pepe, un sketch de la socióloga Carmen Ruiz Repullo, inspirado en hechos reales y basado en la escalada de la violencia de género que representaron unos compañeros.


Teatro micromachismos

domingo, 25 de noviembre de 2018

"NO ES NO" 25 N




25N: DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES



"NUESTRAS PUERTAS VIOLETAS".

Centrándonos en la artista “Rozalén” y en su canción reivindicativa “Puerta Violeta” hemos trabajado con nuestro alumnado la prevención de la violencia a través del poder de las palabras: creando frases, mensajes bonitos, buenos deseos centrados en la amistad, el respeto, las relaciones sanas… Cada clase ha decorado su puerta violeta en la que se han colocado los mensajes escritos en llaves. ¡¡Así de bonitas han quedado nuestras puertas violetas!!


EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA "LA SONRISA NOS IGUALA"


¡COEDUCAR, COEDUCAR Y COEDUCAR
Educar en Igualdad es una garantía para transformar el mundo que nos rodea pero también es una cuestión de derechos humanos y de justicia. El II Plan estratégico de Igualdad de Género en Educación 2016-2021 en Andalucía tiene entre sus principales objetivos contribuir a la prevención y la erradicación de la violencia de género y el desarrollo de la igualdad a través de la coeducación bajo los principios de transversalidad, visibilidad, inclusión y paridad. 

EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: “LA SONRISA NOS IGUALA”
La exposición se ha centrado en la SONRISA, ya que es el gesto capaz de romper las barreras entre una y otra persona, de acercarnos al otro y ponernos en su lugar. Es lo que nos hace iguales, respetuosos y nos humaniza. Durante el mes de noviembre se ha ido trabajando la prevención de la violencia de género centrándonos en el buen trato, en las relaciones positivas, en el respeto y en la igualdad.
Muchísimas gracias a tod@s por vuestra colaboración.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

VIDEO DEL II CERTAMEN DE FOTOGRAFÍA EL BUENRETRATO

Aquí tenéis el vídeo con todas las fotografías que participaron en el certamen.Gracias a todos y todas por participar y hacerlo posible

lunes, 14 de noviembre de 2016

Bienvenidos/as al blog de Igualdad del curso 2016/17!

Hoy comenzamos con el II Certamen de fotografía que realizamos para conmemorar el Día Internacional Contra la Violencia de Género, del 25 de Noviembre. Este año tiene como tema central, el Buentrato entre amig@s.






Las BASES del certamen son:

1. Participantes: puede participar cualquier miembro de la comunidad educativa del CEIP Marismas del Tinto, ya sea de manera individual o como unidad familiar.

2. Temática: la temática será "el buen trato en mi familia": actitudes de buentrato en la familia, ya sea retratos o detalles, no es necesario que aparezca la cara de nadie.

3. Formato: digital. Tamaño, color, etc. libre.

4. Número de fotos: cada familia puede presentar un máximo de 3 fotografías.

5. Plazo de entrega: las fotografías podrán enviarse hasta las 23:00 h del día 20 de noviembre de 2016.

6. Envío de las obras: las fotografía se enviarán al siguiente correo electrónico: concursobuenretrato@gmail.com.  En el mensaje deberán aparecer: título de la imagen, nombre de la familia participante, nombre y curso del alumno o alumna del centro.


SELECCIÓN DE LAS OBRAS
Las fotos serán seleccionadas por un jurado imparcial formado por maestros/as y familiares. Se escogerán tres finalistas y entre ellas una ganadora. Se darán a conocer el día 25 de noviembre.

PUBLICACIÓN DE LAS FOTOGRAFÍAS
Las fotografías serán publicadas en formato álbum digital en el Blog de Igualdad de nuestro centro, la página web, así como en otras plataformas digitales.

DERECHOS SOBRE LAS FOTOGRAFÍAS Y PROTECCIÓN DE DATOS

El artículo 18 de la Constitución, regulado en la Ley 1/1982, de 5 de mayo, sobre el Derecho al honor, la intimidad personal y familiar y la propia imagen; y la Ley 15/1999 de 13 de Diciembre, sobre la Protección de Datos de Carácter Personal, precisan de vuestro consentimiento para la publicación de las fotografías.
La participación en este concurso conlleva la aceptación de las bases del mismo y el permiso de publicación y uso de las fotografías por parte del centro y sus representantes.
El Centro no se hace responsable de la utilización de dichas imágenes por terceras personas o entidades.


Desde el Plan de Igualdad os animamos a toda la comunidad educativa a participar en este bonito proyecto, ya que sin vosotros/as no sería posible. Gracias! 

sábado, 23 de abril de 2016

MUJERES PARA MIRAR Y ADMIRAR: LAS HERMANAS BRONTË

Hoy he encontrado este artículo de Ángeles Caso que me ha parecido genial para entender la historia de ese largo camino que las mujeres hemos tenido que recorrer para tener derecho a ser sencillamente "nosotras mismas" (y aún nos queda pero menos).
Tomado del blog:http://www.angelescaso.com/extrano-caso-las-hermanas-bronte/




EL EXTRAÑO CASO DE LAS HERMANAS BRONTË

En lo más alto del pueblo de Haworth, al norte de Inglaterra, entre el cementerio y el paisaje rocoso de los páramos, se levanta una casa de ladrillo oscuro, con dos hileras de ventanas blancas. Una vivienda firme y sobria, construida a finales del siglo XVIII para ser el hogar de los pastores anglicanos del lugar. Entre 1820 y 1855, en ese edificio discreto ocurrió un hecho excepcional: allí vivieron y crearon sus obras, escondidas del mundo, tres mujeres geniales, las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne.

Nadie de su entorno lo sospechó. Las Brontë eran raras, desde luego. Tres solteronas, como sin duda las llamarían entonces, a las que muchos recordaban de pequeñas, criándose de una manera un tanto salvaje en compañía de su hermano Branwell. Las hijas del reverendo Patrick Brontë –un irlandés de origen campesino que se había doctorado en Cambridge gracias a una beca- estaban bien educadas y eran corteses y decentes, pero desde niñas tenían costumbres extrañas. Quizá fuera porque habían perdido muy pronto a su madre y, casi de inmediato, a sus dos hermanas mayores, arrasadas por la tuberculosis. El caso es que, como cachorritos sin dueño, solían pasear solas por los páramos, bajo el sol o bajo la nieve, y algunos afirmaban haberlas visto declamando poemas en lo alto de una roca. Aunque lo más raro de todo era lo que hacían dentro de la casa, donde las crías se pasaban el tiempo leyendo y escribiendo.

Leían cualquier cosa: los poemas de Byron o las novelas de Walter Scott, los clásicos, y también sesudas revistas de literatura y hasta los diarios de Londres, con aquellos complejos asuntos políticos tan poco adecuados para unas muchachas y sobre los que luego ellas se atrevían a expresar sus propias opiniones. Y, para colmo, desde muy pequeñas, escribían sin cesar, quién sabía qué, tal vez poemas e historias semejantes a las que leían en los libros, cosas de guerreros y doncellas seducidas y sangrientas batallas. Cosas que podía permitirse Branwell, el varón, pero no unas jovencitas que debían dar ejemplo tan solo de piedad y virtudes domésticas.

Branwell tenía talento e inteligencia. Todo el mundo sabía que estaba destinado a hacer una gran carrera. Dirigido por su propio padre, era un buen estudiante y poseía grandes dotes para la música y la pintura. Seguramente terminaría por marcharse a Londres y convertirse en alguien importante, un pintor famoso, un escritor reconocido, un político de peso.

Pero el destino de las chicas era otra cosa. Las hijas de un pastor tan solo podían hacer dos cosas en la vida: casarse o, de no lograrlo, dedicarse a la enseñanza de niñas. Una mujer de su clase no podía permitirse ningún trabajo de tipo manual o que la obligase a estar en contacto con el público, exponiendo su honra. En cuanto a las profesiones de prestigio, las que implicaban conocimientos profundos y gran inteligencia y que conllevaban buenas ganancias y renombre, ese era territorio exclusivo de los hombres, absolutamente vedado al género femenino: una mujer no podía ser médica, ni abogada, ni jueza, ni política, ni catedrática, ni ingeniera, ni nada que se le pareciese. Ni siquiera podía acceder a la universidad, aunque solo fuera por placer.

Una joven de una familia decente sólo debía prepararse para cumplir con el gran cometido de la vida, ser buena esposa y madre. Pero casarse no era un asunto tan fácil: hacía falta poseer una dote aceptable, o belleza, o al menos un carácter sumiso. Las hermanas Brontë no cumplían ninguno de esos requisitos. Su padre no tenía ni un centavo, salvo su exiguo sueldo de párroco de la iglesia anglicana. La belleza se había olvidado de detenerse sobre la casa rectoral de Haworth y dejar caer allí un poco de su preciado polvo dorado. Y el carácter de las muchachas, con su tendencia a querer saber de todo y a mantener sus opiniones en voz alta, no parecía hacer de ellas las mejores compañeras para un hombre de bien.

A medida que crecían, estaba cada vez más claro que iban a tener que dedicarse a la enseñanza. Al menos,Charlotte y Anne. Emily era demasiado huraña, demasiado sensible, y enfermaba gravemente siempre que se alejaba de casa y debía relacionarse con extraños. Se decidió que se quedase en Haworth, ocupándose junto a una sirvienta de las tareas domésticas y cuidando del padre. Ella convirtió ese espacio en un refugio en el que podía desarrollar al margen de cualquier mirada ajena lo mejor de sí misma: sus interpretaciones al piano, su extraordinaria poesía y, también, el aprendizaje del francés y el alemán, que estudiaba en la cocina, mientras pelaba patatas y horneaba el pan.

Charlotte y Anne, en cambio, se vieron obligadas a alejarse de aquel hogar que tanto amaban para trabajar como profesoras en internados o como institutrices de los hijos de familias ricas, sintiéndose frustradas y humilladas: tenían la sensación de estar malgastando sus vidas. Lo peor era el trato de sus empleadores, gentes mucho más incultas que ellas y que, sin embargo, amparadas en su riqueza, las miraban con superioridad, considerándolas miembros del servicio. Anne parecía resignada, pero Charlotte vivía en una constante tensión, confrontando la realidad que le tocaba vivir con sus sueños, especialmente con el viejo anhelo de convertirse en escritora. Envidiaba la suerte de los hombres, que podían hacer lo que les diera la gana sin que nadie les pusiera barreras.

Buscando una solución, intentó organizar una escuela en la propia casa de Haworth, pero no pudo llevarlo a cabo debido al estado de Branwell: el muchacho en el que se habían centrado todas las esperanzas de la familia iba de fracaso en fracaso y se refugiaba cada vez más en el alcohol y el opio, utilizado entonces como analgésico y fácil de conseguir en las farmacias. Branwell se volvía violento y sus hermanas se desesperaban.

Fue en medio de esa situación crítica, acuciadas por la necesidad económica y por su ansia de no volver a separarse, cuando las hermanas Brontë decidieron probar suerte como autoras. Puesto que llevaban escribiendo desde muy jóvenes, ¿por qué no intentar publicar? En 1846 editaron una selección de sus poemas. Pero lo hicieron bajo seudónimos: no querían herir a Branwell ni provocar suspicacias entre sus conocidos. Una mujer que se atreviese a publicar era vista con una enorme desconfianza, y toda clase de sospechas se abalanzaban de inmediato sobre su reputación. Firmaron con los nombres de Currer, Ellis yActon Bell, como si se tratase de tres hermanos. El libro obtuvo buenas críticas, pero vendió un único ejemplar. Charlotte entonces animó a sus hermanas a probar suerte con la novela, un género que generaba más ingresos que la poesía.

Fue así como, a lo largo de 1846, las hermanas Brontë permanecieron encerradas en la casa rectoral de Haworth, repartiéndose las tareas domésticas para después, por las tardes, trabajar las tres juntas en el pequeño comedor de la vivienda, en secreto para su hermano y sus vecinos. Charlotte –que acababa de cumplir los treinta años- escribió Jane Eyre. Emily –veintinueve-, Cumbres Borrascosas. Y Anne –veintisiete-,Agnes Grey. Las tres utilizaron elementos autobiográficos para componer sus historias: experiencias, amores frustrados, sueños y deseos ocultos fueron vertidos por ellas en aquellas obras que, tras ser publicadas con sus seudónimos, provocaron intensos reproches morales por parte de los críticos literarios de la sociedad victoriana: ¿quiénes eran esos misteriosos tres hermanos que se atrevían a escribir unas novelas en las que las mujeres no eran seres pasivos y sumisos, sino personas complejas, llenas de ansias y rebeldía y autoconsciencia?

Aun así, las obras se abrieron camino entre los lectores, asombrados por toda aquella pasión que las hermanas habían sabido describir con un atrevimiento inaudito. Emily, molesta por las duras críticas recibidas, decidió sin embargo no volver a publicar nunca más, y regresó serenamente a su cocina, sus poemas, su música y sus lecturas en alemán, además de sus largos paseos por las montañas. Charlotte y Anne, en cambio, se animaron a seguir escribiendo. Charlotte inició Shirley, una obra con trasfondo político,y Anne La inquilina de Wildfell Hall, una sorprendente novela sobre la capacidad de una mujer para superar los estrechos límites impuestos por la sociedad.

Pero entonces, cuando creían haber alcanzado su sueño, la tragedia decidió dirigir su mirada perversa hacia aquella familia: en septiembre de 1848, devorado por el alcoholismo y la drogadicción, moría Branwell, con tan solo treinta y un años. Emily no logró recuperarse de la pérdida de ese hermano al que había cuidado con devoción y, debilitada por una veloz tuberculosis, murió en diciembre, a los treinta años. Tan solo cinco meses después, en mayo de 1849, fallecía también Anne, destruida por la misma enfermedad maldita.

Sin la compañía adorada de sus hermanas, Charlotte siguió como pudo adelante. Dio finalmente a conocer la verdadera identidad de los hermanos Bell. Continuó escribiendo –publicó en total cuatro novelas– y, como si el destino hubiera querido ser un poco clemente con ella después de tanto dolor, pudo disfrutar del éxito y del respeto de muchos escritores, a los que asombraba el inmenso talento de aquella mujer diminuta y de sus hermanas muertas. Incluso, a pesar de su edad y de la opinión en contra del reverendo Brontë, se casó a los treinta y siete años con el coadjutor de su padre. Unos meses después, en marzo de 1855, murió a consecuencia de las complicaciones de un embarazo tardío.

Patrick Brontë vivió aún seis años, viendo cómo la fama de sus hijas crecía de día en día y numerosos visitantes llegaban a Haworth en busca de algún indicio que aclarase la razón del misterioso genio de las hermanas Brontë, convertidas ya en mitos de la literatura inglesa. Cuando él falleció en 1861, la familia se extinguió al completo, como una rara planta que hubiese brotado con un esplendor inaudito durante un breve tiempo para luego desvanecerse, dejando tras de sí la huella de su belleza.